Meira, la pequeña villa lucense donde nace el río Miño, esconde más de lo que aparenta: un monasterio cisterciense de hace ochocientos años, secretos entre sus hierros y sus muros, y un narrador de excepción. Irimia —la bruja que, según la leyenda, quiso quedarse el agua para ella sola— os guía por el pueblo con mala uva y buen humor, retándoos a mirar donde nadie mira y a descubrir por qué esta tierra está tan empapada de historia (y de agua). Un paseo urbano, llano y fácil, entre pruebas, fotos para el recuerdo y datos que no os esperáis, pensado para disfrutar en familia, con amigos o en pareja.
Vaya, vaya… otro grupo de aventureros pisando MI villa. Soy Irimia. La bruja de la leyenda, esa con la que os asustaban de pequeños. Hace muchísimo, los monjes de ese monasterio quisieron cobrarme impuestos por el agua. ¿A MÍ? Así que subí a la sierra y, con un buen conjuro, tapé el nacimiento del río con piedras enormes: «¡Nunca probaréis la primera agua, que es 'miño'… es MÍO!». De ahí le viene el nombre al Miño. Pero mirad qué gracia: por mucho que la escondí, esta villa entera está EMPAPADA. Hay río, lluvia, hasta una fuente de rapaces con paraguas que se ríe de mí. Os propongo un trato: recorred Meira, superad mis pruebas… y quizá os cuente dónde escondí la primera gota. ¿Empezamos? El monasterio está justo delante. Andando.
📷 lomarper
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